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Taller: "Dejé Atrás el Cáncer"

La institución fue invitada a exponer sobre las becas que entrega a los jóvenes rehabilitados de cáncer y leucemia, con la finalidad de reintegrarlos a la sociedad.

Una emocionante jornada, fue la que se vivió este sábado en la Escuela de Enfermería de la Universidad Católica, en el taller “Mejorando Mi Propio Cuidado” organizado por La doctora Anette Becker, jefa de Oncología Infantil del Hospital Sótero del Río y la doctora Rosa Moreno, especialista del área.

El taller, que es parte del programa “Dejé Atrás el Cáncer”, reunió a oncólogos y otros especialistas infantiles, que hasta el día de hoy atendían a los jóvenes asistentes, pese a que la mayoría superan los 20 años.

Además de guiarlos en los cuidados y controles posteriores a la enfermedad, este taller cerró el ciclo de atención infantil de los pacientes, para ser derivados a especialistas de adultos.

Ambas doctoras recuerdan que años atrás el trabajo que hacían con los niños era sólo médico, sin embargo ahora las terapias son biopsicosocial. “Gracias a este tipo de trabajo, ha mejorado la sobrevivencia del niño de un 30 a un 70 por ciento. Antes el cáncer era sinónimo de muerte, sin embargo ahora la mayoría de las personas logran seguir viviendo. Las terapias deben ser integrales, ya que ésta no es solo una enfermedad biológica” según explicaba la especialista Becker.

En este contexto, la Fundación Niño y Cáncer cumple un rol fundamental, ya que logra complementar el tratamiento médico de los niños con actividades recreativas como la “Montaña de la Alegría”, campeonato de “Futbolito y Porristas”, “Cena de Navidad”, entre otras.

Por ello, la Fundación fue invitada a exponer sobre el apoyo educacional y laboral que entrega, además de las actividades a las que pueden optar los niños que sufren de la enfermedad.

Cada año la Institución entrega becas de estudio a los jóvenes que se han rehabilitado de cáncer o leucemia a nivel nacional, con la finalidad de reintegrarlos a la sociedad.

Claudia Morales de 26 años, es rehabilitada de cáncer al estómago, y admite que desde que se recuperó no asistió más a controles ni supo de sus compañeros. “Para mí esta es una etapa superada, pero no quise acercarme más a nadie que me trajera recuerdos, me puse rebelde, ni siquiera quise estudiar, pero ahora ya es diferente, por eso vine al taller, para reencontrarme con los demás y para saber lo que pasa conmigo al cerrar el ciclo”.

Pese que para la mayoría de los asistentes la actividad significada dejar una etapa atrás, para José Luis Milla de 21 años, significó seguir creciendo a raíz de lo sucedido. “yo no estoy de acuerdo con dejar esto atrás. Es parte de mi vida, de lo que me tocó y estoy feliz de ello. Disfruto la oportunidad que Dios me dio de seguir viviendo cada año más, junto a mi familia, que fueron un pilar fundamental en toda mi enfermedad”.

Milla fue diagnosticado de leucemia de alto riesgo cuando tenía solo dos años y medio, y estuvo en tratamiento hasta los nueve años. “Yo no me acuerdo mucho del comienzo de mi enfermedad, pero cuando fui creciendo, veía a mis papás como se preocupaban por mí y hacían todo para que yo estuviera bien. Los tratamientos eran muy caros, pero ellos siempre eran muy positivos y alegres, lo que me transmitieron. Creo que eso es fundamental para recuperarse”.


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