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Después de 1 año, Paulo regresa a Arica

“Nunca imaginé que al tener cáncer, se me iban a abrir tantas puertas”

De no querer nada con la vida, Paulo Noya Matos pasó a pensar que todo en la vida pasa por algo, y que su enfermedad lo ha ayudado a ver las cosas desde otro punto de vista.

Después de haber vivido un año en los Departamentos de Acogida, Paulo vuelve a Arica. El tratamiento para su tumor cervical ha finalizado, lo que provoca sentimientos encontrados en él y su madre.

“Al comienzo cuando llegamos no quería nada. No hablaba, pero cuando la Fundación Niño y Cáncer, nos entregó el departamento y empezó a ir a la escuelita, todo cambió”, nos cuenta Rossana, mamá de Paulo. Para ella y su hijo, la entrega de la vivienda alivió el dolor de la enfermedad,  ya que al conocer familias con la misma realidad, les dio fuerzas para seguir adelante.

Con el paso del tiempo y la llegada del verano, Paulo dejó la pena de lado y conoció a niños de su edad. Mientras ríe, recuerda que todos los días compartía en la piscina del edificio, y solo subía al departamento para almorzar y por las tardes se juntaban otra vez.

Rossana insiste en que la ayuda de la Fundación Niño y Cáncer y la entrega del Departamento de Acogida, fue fundamental para el tratamiento emocional de ella y su hijo. “Paulo comenzó a mejorar cuando vio que llegaban más niños al edificio con su misma enfermedad. Cuando comenzaron a salir y compartir. Entre todos nos apoyábamos y salíamos adelante”.

Sin duda para Paulo, de tan solo 15 años, las cosas en la vida ya no pasan de la misma manera. Con una madurez única, dice “me da rabia ver a mis amigos cuando se angustian por cualquier cosa, ahora es cuando uno empieza a vivir como realmente debió haber vivido”.

Asegura que “nunca pensé que al tener cáncer se me iban a abrir tantas puertas”, ya que al estar en Santiago conoció gente que dice, son su pilar fundamental en el cambio de actitud frente a su enfermedad. Entre ellos nombra a los doctores, la gente de “la escuelita” y la Fundación.


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